
En una casa improvisada de madera, con un techo de asbesto, que cuando llueve gotea. Unas paredes cubiertas de plástico que cuando baja la temperatura los huesos duelen, es ahí, donde vive Blanquita, y lo que menos le importa es el frio, porque desde hace 16 años no tiene sensibilidad del cuello a los pies, a excepción de sus manos.
Eran las ocho y media de la mañana, su esposo le pidió que se cambiara porque iban a ir al rancho de unos tíos, era una forma de contentarla por que días atrás habían tenido problemas conyugales que hasta golpes hubo. Tomaron el transporte y minutos después, casi al llegar a Acayuca, Veracruz, Blanquita estaba a pocos centímetros de un voladero, con la lengua afuera, la cabeza destrozada al igual que sus extremidades.
Curiosamente su esposo quedó intacto, el chofer también, pero no de la misma forma el automóvil en que iban.
En el hospital se carecía de esperanzas, decían que Blanquita quedaría ciega, sorda y muda por el impacto. “Saldré para decir que esta viva o que está muerta”, decía uno de los doctores.
El impacto del accidente provocó siete intervenciones quirúrgicas para la reconstrucción de su rostro y cuerpo, así como la colocación de una válvula en la cabeza, que con el tiempo ha encarnado y hoy retirarlo costaría su vida.
La madre de Blanquita nunca se enteró de lo que había sucedido ya que falleció por un enfermedad días después el accidente.
LAS RIMAS DE BLANQUITA
Con 16 años postrada en la cama y con pedazo de trapo atado al pie de la misma, este, es uno de los pocos medios con que cuenta para hacer movimientos como para tomar agua o apagar la luz. Si algo es de admirarse es que Blanquita tiene un gran sentido del humor y además le gusta formar rimas en cada una de sus vivencias relatadas.
“Así como tu caminas yo caminaba, sin Cristo y sin esperanza yo andaba, el diablo me zarandeaba, pero mi padre desde el cielo me miraba, pues mijita no te querías a la buena, postrada te dejaba, espero en Dios que no te pase lo que a mi, espero en Dios que juntos caminen y se acuerden como fui…”
DESPUÉS DEL ACCIDENTE, ME QUITARON A MIS HIJOS
Al pasar los días y estar en recuperación a Blanquita le faltaban cosas por suceder; su esposo les quito a sus tres hijos y hasta amenazas de su suegra recibió.
—Mis hijos se iban a venir a vivir conmigo pero la mamá de mi esposo no los dejo porque les dijo que iban a estar vendiendo chicles y que ellos me iban a mantener.
—Meses después mi hija iba a ser violada por su padre, pero mi otro hijo le pago en la cabeza con una botella. Uno de ellos se puso a trabajar para mantener a su hermanito y compró un machete para matar a su papá, yo le dije que no… que él tenía toda una vida por adelante, me hizo caso…
MI ESPOSO ERA PARA MÍ COMO UN DIOS
—Salí de Huixtla a los quince años y me fui a vivir con mi esposo a Veracruz, él era diez años mayor que yo, era muy celoso y evitaba que me comunicara con mi familia, a escondidas hacía cartas para mis familiares.
La vida conyugal de Arely Castañeda, nombre real de Blanquita no fue la mejor, su esposo se drogaba.
—Mi esposo se metía todo tipos de drogas, unas ves mi hija me enseño la droga que mi marido tenía escondida. También me golpeaba, en las radiografías que me hicieron después del accidente aparecían las marcas de su puño y de los objetos con que me pegaba.
—¿Sabe ahora algo de sus hijos?
—Mi hija estuvo viviendo conmigo hace seis años, pero fue injusta porque pensó que le pediría dinero, sólo le pedía compañía. Un día salió y yo le di 20 pesos para su taxi, no pensaba que su salida era para siempre… me dejó cuando más la necesitaba… después de varios años me hablo.
—Mis hijos ya están grandes y ya no están con su papá. Se encuentran en Cuidad Juárez Chihuahua. No se casi nada de ellos, sólo de mi hija que está en Tijuana y que me habla cada quince días, ellos piensan que yo los abandoné pero es porque su papá les lleno de cosas en la cabeza.
— ¿Recibe apoyo de alguien?
—Mi hermana Lupe es enfermera y me ha ayudado, ella sólo me sostiene con el sueldo de su esposo. Ella no tiene trabajo. Hace un año vino una trabajadora social, pero hasta ahora no ha vuelto.
Blanquita cuenta con el apoyo de sus vecinos, que le llevan comida en ocasiones. De las pocas veces que la pueden sacar tiene que sufrir raspaduras en los brazos ya que la silla con que cuenta es de tamaño infantil.
“Hace unos días me invitaron a una boda y en vez de que se divirtiera la gente hubo tristeza, me puse mal y me tuvieron que llevar a la Cruz Roja”
LO ÚNICO QUE PIDO ES VER A MIS HIJOS
Con sus rimas Blanquita no baja el ánimo, a pesar de ser victima de la insensibilidad de alguno de sus familiares e instituciones que no le han dado el apoyo necesario. Su hermana tiene que costear los gastos de sus medicinas que serán para toda la vida, así como pañales y mangueras que necesita para subsistir.
El único deseo que tiene es ver a sus hijos: Gildardo, Isaías y Eloísa Orantes Castañeda. “He tenido mucha paciencia y fe en dios porque sé que algún día me va a llevar”, dice Blanquita con lágrimas corriendo por su cuerpo.
Con frases religiosas en sus paredes y el cobijo de los habitantes de la colonia Los capulines, Blanquita nos da una lección de vida, que para ella es lo único que le queda.
“Porque algún vas a venir aquí, a mi cantón… ¿a donde la llevaron? allá está en el panteón”.
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